Me gustaría levantarme de la cama y encontrarme una rosa. Roja no. Blanca. Pura. Para escribir en ella como si fuese una página nueva. Una rosa dejada por alguien que piensa en mi y a quien todavía no conozco. Lo sé. Un contrasentido. Pero me haría sonreír. La cogería y me la llevaría al instituto y la dejaría apoyada en el pupitre, sin más, sin decir nada. Y yo, todavía sin decir nada, la dejaría allí toda la mañana. Después a última hora, arrancaría uno a uno todos sus pétalos, y con un rotulador azul, escribiría letra a letra, una sola en cada pétalo, la frase de aquella canción tan bonita: "Entre los obstáculos del corazón hay un principio de alegría que me gustaría merecer..." Y después, tiraría los pétalos por la ventana, el viento se los llevaría. Podía ser que alguien los encontrase. Que volviese a ponerlas en orden. Que leyese la frase. Y que me viniese a buscar. Él quizá. Ya. Pero ¿quién es él?
Estoy en mar abierto, eres mi faro, no te apagues..
¿Sabeis por qué tenemos faros? Porque orientan a los barcos en la oscuridad y los mantienen a salvo evitando que choquen contra las rocas, porque cuando te encuentras con una tormenta en el mar y las olas no paran de golpearte, crees que ya nunca volverás a tierra, que estás a punto de romperte en mil pedazos y hundirte en el agua hasta el fondo, es la luz la que orienta tu mundo. La luz. El amor no puede describirse igual que un árbol o el mar. Son los ojos con los que vemos, el ser santos aunque pequemos.
Luz del alma, luz divina,faro, antorcha, estrella, sol... Un hombre a tientas camina; lleva a la espalda un farol.
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