Yo creo. Creo en todo aquello en lo que no creía antes, en lo que dudaba, en lo que me negaba a creer. Creo que no existen príncipes, en el fondo todos son cazadores. Creo que no hay sapos, son disfraces para ser besados. Creo que no hay bellas durmientes, sino chicas vagas que quieren que todo vaya a ellas sin mover un dedo y hombres cegados que van. No creo en manzanas envenenadas, ni en espejos mágicos, son todo una ilusión. No creo que Cenicienta perdiera el zapato, lo dejó caer para averiguar si el príncipe la buscaría. Creo que las hadas madrinas son mujeres aburridas que no saben que hacer con su vida. Creo en el lobo feroz, que mata por diversión no por supervivencia. Creo en los dragones que custodian torres, pero no creo en lo que custodian. Antes no creía, ahora, ¿por qué no?
Estoy en mar abierto, eres mi faro, no te apagues..
¿Sabeis por qué tenemos faros? Porque orientan a los barcos en la oscuridad y los mantienen a salvo evitando que choquen contra las rocas, porque cuando te encuentras con una tormenta en el mar y las olas no paran de golpearte, crees que ya nunca volverás a tierra, que estás a punto de romperte en mil pedazos y hundirte en el agua hasta el fondo, es la luz la que orienta tu mundo. La luz. El amor no puede describirse igual que un árbol o el mar. Son los ojos con los que vemos, el ser santos aunque pequemos.
Luz del alma, luz divina,faro, antorcha, estrella, sol... Un hombre a tientas camina; lleva a la espalda un farol.

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