Va caminando por la calle, con el paraguas en la mano. Lleva toda la tarde lloviendo, pero ha parado por unos instantes. Huele a lluvia, a tierra mojada. Apenas mira lo que hay a su alrededor, tiene la mirada fija en alguien. Lo ve allí, a lo lejos, al final de la avenida, junto a la fuente. Está sentado con una gabardina oscura y un paraguas pequeño apoyado en un banco. Ella camina segura, decidida. Pero entonces huele un perfume familiar. Gira la cabeza, como movida por un resorte y ve a la persona que menos desea ver en ese momento. Le mira con desdén, no le dirige ni una sonrisa. Sin embargo él se acerca a ella y le besa en la cara. Ella se aparta, pero algo le dice que en realidad eso es lo que quiere, que hecha de menos su perfume. Poco a poco su furia se desvanece, le saluda amablemente, y él le propone ir a tomar algo. Sabe como acabará eso. Y se piensa su respuesta. Le dice no. Le dice no por la persona que le espera al otro lado de la calle. Le dice no por todas las lágrimas que ha derramado por él. Le dice no porque no quiere que le hagan daño. Se despide con la mano y sigue caminando, ya no tan decidida. Llega al final, y él se da cuenta de que le pasa algo. Se acerca a ella, y la besa. Entonces, ella se da cuenta de que es ese perfume el que quiere oler cada día, es ese olor con el que se quiere levantar cada mañana y acostarse cada noche, con el que quiere convivir toda su vida. Es su olor.Estoy en mar abierto, eres mi faro, no te apagues..
¿Sabeis por qué tenemos faros? Porque orientan a los barcos en la oscuridad y los mantienen a salvo evitando que choquen contra las rocas, porque cuando te encuentras con una tormenta en el mar y las olas no paran de golpearte, crees que ya nunca volverás a tierra, que estás a punto de romperte en mil pedazos y hundirte en el agua hasta el fondo, es la luz la que orienta tu mundo. La luz. El amor no puede describirse igual que un árbol o el mar. Son los ojos con los que vemos, el ser santos aunque pequemos.
Luz del alma, luz divina,faro, antorcha, estrella, sol... Un hombre a tientas camina; lleva a la espalda un farol.
viernes, 7 de octubre de 2011
Su olor
Va caminando por la calle, con el paraguas en la mano. Lleva toda la tarde lloviendo, pero ha parado por unos instantes. Huele a lluvia, a tierra mojada. Apenas mira lo que hay a su alrededor, tiene la mirada fija en alguien. Lo ve allí, a lo lejos, al final de la avenida, junto a la fuente. Está sentado con una gabardina oscura y un paraguas pequeño apoyado en un banco. Ella camina segura, decidida. Pero entonces huele un perfume familiar. Gira la cabeza, como movida por un resorte y ve a la persona que menos desea ver en ese momento. Le mira con desdén, no le dirige ni una sonrisa. Sin embargo él se acerca a ella y le besa en la cara. Ella se aparta, pero algo le dice que en realidad eso es lo que quiere, que hecha de menos su perfume. Poco a poco su furia se desvanece, le saluda amablemente, y él le propone ir a tomar algo. Sabe como acabará eso. Y se piensa su respuesta. Le dice no. Le dice no por la persona que le espera al otro lado de la calle. Le dice no por todas las lágrimas que ha derramado por él. Le dice no porque no quiere que le hagan daño. Se despide con la mano y sigue caminando, ya no tan decidida. Llega al final, y él se da cuenta de que le pasa algo. Se acerca a ella, y la besa. Entonces, ella se da cuenta de que es ese perfume el que quiere oler cada día, es ese olor con el que se quiere levantar cada mañana y acostarse cada noche, con el que quiere convivir toda su vida. Es su olor.
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